La emoción del deporte formativo alcanzó su punto más álgido en las duelas de la región austral. Los XIII Juegos Deportivos Nacionales Prejuveniles Azuay 2026 cerraron sus jornadas de baloncesto con finales de infarto, donde el talento, la disciplina y la entrega de la nueva generación de basquetbolistas ecuatorianos acapararon todas las miradas.
Tras una semana de intensos encuentros en el torneo 5x5, las provincias dominantes del deporte nacional marcaron territorio: Pichincha se adueñó de la gloria en la rama masculina, mientras que Guayas hizo lo propio en el torneo femenino para levantar el ansiado trofeo de campeonas.
El torneo de baloncesto masculino regaló emociones de principio a fin, consolidando el trabajo formativo de las diferentes selecciones provinciales. En la gran final, el combinado de Pichincha demostró un nivel superlativo, combinando una defensa férrea con transiciones rápidas y una efectividad notable en los lanzamientos perimetrales.
Los oro-grana supieron manejar los tiempos del partido ante un aguerrido equipo de Orellana, que batalló cada balón con intensidad, pero que terminó cediendo ante el planteamiento táctico de los capitalinos.
Con este galardón, Pichincha ratifica el excelente momento de su cantera y aporta de forma decisiva al primer lugar general en el medallero de estos Juegos Nacionales.
Por su parte, la emoción del baloncesto femenino tuvo como gran protagonista a la delegación de Guayas. Las albicelestes desplegaron un juego vistoso, dinámico y de gran jerarquía técnica a lo largo de todo el certamen en tierras azuayas.
En el encuentro decisivo, las jugadoras guayasenses impusieron condiciones bajo los tableros y manejaron la ventaja con madurez deportiva, neutralizando los intentos de reacción de sus contrincantes para consagrarse de manera invicta como las campeonas nacionales de la categoría.
El rendimiento colectivo y la individualidad de varias figuras en la duela confirmaron que el proceso formativo en la costa ecuatoriana goza de una salud envidiable.
La fiesta deportiva vivida en Azuay dejó en claro que el recambio generacional del baloncesto ecuatoriano cuenta con bases sólidas. Cada canasta, bloqueo y grito de aliento desde las bancas reflejó el esfuerzo de meses de preparación de los atletas, entrenadores y federaciones provinciales.
